Al ver esto, Moisés se maravillaba de la visión, y al acercarse para ver mejor, vino a él la voz del Señor. (Hechos 7:31, RV60)

Así nos lo ha mandado el Señor: te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra. (Hechos 13:47, NVI)

En el día que temo, yo en ti confío. (Salmos 56:3, RV60)

¿Te has puesto a pensar qué responderías si alguien te preguntara qué es lo que más deleite te causa en la vida? Tal vez podrías responder que es la visita a tu lugar favorito, comer tu platillo preferido, estar con las personas que amas, entre otras cosas.

Si ustedes se mantienen obedientes a mis enseñanzas, serán de verdad mis discípulos. Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. (Juan 8:31-32, NBD)

Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra. (Salmo 119:28, RV60)

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Salmo 19:7 (RV60)

"Es muy probable que en algunos momentos de nuestra vida hayamos llegado a pensar que no tenemos un buen destino. ¿Cuántas veces hacemos algo y de manera inmediata pensamos que fracasaremos? Si bien es cierto que en la vida pasaremos por aflicciones, esto no quiere decir que nuestro futuro será malo. Las circunstancias a nuestro alrededor nos pudieran hacer pensar que tal vez no todo saldrá bien, sin embargo, es importante reconocer que estos pensamientos son el resultado de una falta de intimidad con Dios, pues conocer y hacer Su voluntad nos conducirá a un propósito de bien. Es a través de la meditación de la Palabra que podremos conocer la verdad y esta verdad cambiará nuestra manera de pensar y, por lo tanto, de vivir.

"Seguramente algún día te habrás planteado la siguiente pregunta: ¿Cómo puedo conocer más a Jesús? La Biblia responde esto: Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí (Juan 5:39, RV60).

"…así dice el Señor: Recuerdo el amor de tu juventud, tu cariño de novia, cuando me seguías por el desierto, por tierras no cultivadas. Jeremías 2:2, NVI.

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