Día 8 | La meditación de la Palabra de Dios es un deleite Destacado

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¿Te has puesto a pensar qué responderías si alguien te preguntara qué es lo que más deleite te causa en la vida? Tal vez podrías responder que es la visita a tu lugar favorito, comer tu platillo preferido, estar con las personas que amas, entre otras cosas.

MEDITACIÓN

Para llenarnos de gusto y alegría, de asombro o admiración normalmente recurrimos a sentimientos y actividades que contribuyen a nuestro propio placer, pero no pasa mucho tiempo cuando nos hemos vuelto a sentir insatisfechos otra vez. La Biblia dice: Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. (Salmo 37:4, PDT). Meditando la Palabra de Dios encontramos la verdadera fórmula para lograr que nuestro deleite se sintonice día con día con el Señor, llevando a que los deseos del corazón sean de provecho para nosotros. Cuando buscamos cosas desesperadamente por simple diversión, nos encontraremos satisfechos momentáneamente, pero esa “satisfacción” no será más que un simple “analgésico” que nos tranquilizará, pero sin curar nada de fondo. A medida que leemos la Biblia, Su historia, Sus mensajes nos capturan por la semejanza que tienen con nuestras situaciones y con nuestro entorno de vida. Entonces es que para nosotros deja de ser solamente un libro cuyas páginas no tienen nada que ver con nuestra vida; la Biblia se vuelve deleitosa, apetitosa a nuestra vista y a nuestro corazón. Basta con que nos demos una oportunidad de leerla día a día para probar los beneficios en nuestra alma y espíritu. Uno de los primeros resultados que encontraremos, será una fuerte “dosis” de confianza para enfrentar la vida. Concluimos que el único “remedio” permanente para mantenernos acertados, ubicados, así como alegres, esperanzados y llenos de deleite, es la meditación diaria de la Palabra de Dios.

ORACIÓN

Espíritu de Dios, ruego que Tu gracia esté en mí para vivir en constate petición de la llenura de tu Espíritu; que pueda vivir en el deleite de tu Palabra día a día, ésa es mi petición. En Cristo Jesús, amén.

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