DÍA 15 | La meditación me purifica y me ayuda a escoger lo eterno. Destacado

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La reverencia al Señor es pura, permanece para siempre. Las leyes del Señor son verdaderas, cada una de ellas es imparcial. (Salmos 19:9, NTV)

MEDITACIÓN

Siguiendo la línea de este salmo que habla de la perfección de la Palabra encontramos que la Escritura trae pureza y permanece para siempre. Es preciso que entendamos por este pasaje que sólo aquello que se sustente en Dios podrá permanecer eternamente pues Su Palabra se define a sí misma como aquello que permanece para siempre. Todo lo que hay en este mundo se acaba y todo lo material se destruye, pero aquello que fue edificado sobre la Palabra nunca tendrá fin ni pasará de moda.

Cuando meditamos la Escritura, ésta nos purifica en nuestro actuar día a día. Aunque a veces no nos damos cuenta y en ocasiones pudiera llegar a resultar tedioso leerla, es realmente asombrosa la manera en la que seremos purificados si nos acercamos a ella. La Palabra, además, nos da una visión real del mundo, una visión santa y correcta que busca la justicia de Dios por sobre todas las cosas, que no se limita a un saber conceptual, sino que se aplica de forma práctica en cada área de la vida. Este tipo de forma de vida y de visión tendremos si meditamos en la Palabra.

La Escritura no sólo nos delineará una clara distinción entre una vida en santidad y una vida que no tiene pureza, marcará también la pauta de qué cosas deben permanecer en nuestra vida y las que no, con qué debemos luchar, qué debemos desechar, en qué áreas trabajar. ¿Qué deberá permanecer en nosotros de acuerdo con la Palabra? Todo lo que es santo, puro y bueno, lo demás: todo lo que nos ponga en conflicto con Dios, por la misma Palabra deberá ser quitado; esto nos ayudará y fortalecerá para ir tras lo eterno y dejar sin peso a lo perecedero.

ORACIÓN

Dios, ayúdame a perseverar en Tu Palabra para saber qué es lo que realmente importa en mi vida, a identificar aquellas cosas a las que debo de renunciar y por cuales debo luchar para vivir agradándote en santidad.

 

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