Día 11 | Escuchar a Dios requiere cercanía Destacado

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Al ver esto, Moisés se maravillaba de la visión, y al acercarse para ver mejor, vino a él la voz del Señor. (Hechos 7:31, RV60)

MEDITACIÓN

Moisés apacentaba el rebaño de Jetro, su suegro, lo condujo por el desierto hasta llegar al monte de Dios. En ese momento se le apareció el Ángel del Señor en medio de una zarza que ardía sin consumirse. Moisés, maravillado, se acercó para ver mejor lo que sucedía y, al acercarse, escuchó la voz del Señor. El amor en forma implícita significa cercanía. Es imposible percibir la fragancia y la tibieza de alguien a distancia. Así que cuando nos acercamos a la persona amada, podemos percibir su fragancia, su calor y algo más importante aun: escucharemos a detalle su voz; en esa cercanía es que podemos aprender a distinguir esa voz de entre otras miles, a distinguir la voz que puede traer paz, consuelo, ánimo y confianza con sólo escucharla. Si verdaderamente amamos a Dios, amaremos Su Presencia y por lo tanto nos acercaremos a Él para escuchar Su voz.

Son sus palabras las que llenan nuestro corazón, es Su Palabra la que trae alegría y paz en medio de cualquier circunstancia, pero será difícil escuchar a nuestro amado Jesús si no nos acercarnos a Él y a Su Palabra. Mientras más nos alejemos de Él y de la Escritura, más confundiremos Su voz. En un mundo tan convulso como el nuestro es fácil confundir los sonidos. La estridencia de la realidad cotidiana afecta nuestros oídos espirituales, de tal forma que la única manera de asegurar que estamos escuchando la voz del Señor es teniendo cercanía con Él, por eso nos acercamos a Él a través de Su Palabra. Y la gloria del Señor reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día, Dios llamó a Moisés de en medio de la nube (Éxodo 24:16, RV60). Dios nos llama de en medio de la nube para escuchar Su voz y cada vez que nos aproximamos podemos maravillarnos más de lo que vemos, de lo que escuchamos y percibimos, tal como le sucedió a Moisés. Cada día podemos tener un encuentro con la gloria de Dios, esa gloria que puede ser disfrutada los siete días de la semana, sólo está esperando que nos acerquemos.

ORACIÓN

Señor, gracias porque cada día puedo escuchar Tu voz. Haz que sea para mí sea una necesidad impostergable acercarme a Tu Presencia cada día, sentir tu cercanía, escucharte hablar y maravillarme de Tu gloria, amén.

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