Día 10 | Meditar Su Palabra me hace luz a las naciones Destacado

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Así nos lo ha mandado el Señor: te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra. (Hechos 13:47, NVI)

Todos sabemos que la misión de la Iglesia y de todo cristiano en lo individual es llevar el mensaje de Jesús a quienes no le conocen, sin embargo hoy dejamos esta responsabilidad a los eventos en los que participamos o a las reuniones de iglesia; quizá creemos que es tarea de pastores o evangelistas, pero nos olvidamos que la Gran Comisión es tarea de todos. Muchos de nosotros no queremos compartir individualmente porque representamos esas lámparas que no irradian luz, puesto que no tenemos el aceite que representa Su Palabra y Su Espíritu. Se escucha fuerte, pero es la verdad, porque en ocasiones a nuestra lámpara dejamos entrar todo aquello que nos llena de mil cosas, menos de Cristo. Charles Spurgeon dijo “entre más porción de cielo haya en nuestras vidas, menos porción de Tierra ambicionaremos.” Esto es una verdad, sin embargo, a veces ambicionamos más lo que nos ofrece este mundo, ¿cómo podríamos predicar a Cristo y ser luz si insistimos en ser llenos de este mundo y quedarnos vacíos de Su Palabra?

Reflexionemos la siguiente anécdota

En una ocasión un niño le preguntó a su padre qué tan grande es Dios. Voltearon a mirar al cielo y, al ver un avión, el padre le preguntó a su hijo de qué tamaño se veía la aeronave. El niño respondió: “Muy pequeño, tanto que casi no lo alcanzo a ver”. Más tarde el papá lo llevó al aeropuerto y al estar cerca de un avión le preguntó: “¿ahora de qué tamaño ves el avión?” El niño, impresionado respondió: “¡es enorme!” El padre entonces le dijo: “Lo mismo ocurre con Dios. Su tamaño siempre es el mismo, pero tu percepción sobre Su dimensión depende de la distancia a la que tú te encuentres de Él, así como de tu experiencia con Él. Cuanto más cerca estés de Dios, más grande lo verás en tu vida.” Meditemos más Su Palabra, permanezcamos más cerca Dios para que nuestras lámparas sean llenas de Él y la luz de Cristo en nuestra vida nos ayude a hacer ver a quienes nos rodean que Jesús está vivo y que está entre nosotros. El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos. (Lucas 4:18, NVI). Meditemos Su Palabra para que seamos luz a las naciones.

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